Publicado en Diario Gestión el 17/12/2025 por Ines Temple, Presidente LHH DBM Perú y LHH Chile
Pocas cosas me motivan más que ayudar a la gente a mirar las cosas desde otras perspectivas, especialmente cuando se trata de ayudarlos a cambiar de mentalidad y paradigmas en lo relacionado al mundo del trabajo. Disfruto ayudándolos a dejar de lado creencias que pueden ya no ser vigentes o incluso dañinas para ellos o sus careras.
¿Y a que paradigmas me refiero? Cuando trabajamos con profesionales y ejecutivos en sus procesos de coaching ejecutivo o de transición laboral encontramos que no pocos tienen aún creencias tradicionales como: “si hago bien mi trabajo nada cambiará”, o “con tantos años en esta organización me puedo sentir seguro”.
Así nos toca ayudarlos a adaptarse al reto de gestionar su carrera como su principal y mejor negocio propio, negocio que depende en gran medida de cómo se maneja y del nivel decisión, estrategia y actitud emprendedora que se le pone.
En este contexto donde el negocio es la venta de nuestros servicios profesionales, a muchos les cuesta salir a venderlos, dentro o fuera de la organización según sea el caso. Y eso porque creen que deben salir a “venderse a sí mismos”. ¡Y nada más lejos de eso! Pero los entiendo, esa idea de pensar en salir a vendernos es aterradora.
Es más, cuando escucho ese término “salir a venderte” siempre trato de, con amabilidad y tacto por supuesto – de corregir a a quien lo dice. Uno no está a la venta, les aclaro, lo que vendemos son los resultados de nuestro trabajo. Vendemos nuestros servicios que generan logros, nuestra experiencia que aporta valor real y concreto, nuestras destrezas, competencias o habilidades que traen ideas, fórmulas de hacer mejor las cosas, crecimientos, ahorros, seguridad o lo que sea que aporta nuestro trabajo según nuestra especialidad.
¿Por qué a algunos les cuesta tanto la idea de salir a vender sus servicios? Creo que es porque no han sido formados para verse a sí mismos como empresarios de sus carreras. El sistema educativo tradicional y el paradigma anterior del trabajo dependiente les enseñó a encajar en organizaciones, no a gestionar su propia carrera y vigencia. El resultado es evidente: a un gran número de profesionales les cuesta presentar su valor, hablar de sus logros y resultados numéricos y cuantificados y especialmente, les cuenta asumir la responsabilidad de promover su propio crecimiento, vigencia y relevancia.
Hoy cada profesional es dueño de su propia carrera, esté en planilla o no, trabaje de manera formal o informal, emita recibos o facturas. La forma de pago no es relevante, lo es la actitud, la conciencia de nuestro rol activo en la permanente generación de demanda para nuestros servicios, estemos trabajando o en transición. Sin demanda por nuestros servicios, no hay negocio, no hay empresa, no hay carrera ni futuro profesional.
La demanda por nuestros servicios depende de nuestra actitud, reputación, resultados, manejo de la tecnología y de la calidad con lo que los brindemos. Solo esa demanda garantizará un alto nivel de empleabilidad y un futuro profesional con crecimiento, relevancia y vigencia sostenible en el tiempo.
Claridad sobre nuestros servicios
Ahora, para comercializar exitosamente nuestros servicios, primero debemos tener claridad sobre cuáles son, qué atributos y beneficios ofrecen, a quién ayudan y qué valor diferencial aportan. Y comunicarlos con claridad una vez bien identificado quién es nuestro comprador, sus necesidades, retos, prioridades y oportunidades, luego de investigar a fondo a las empresas, organizaciones y personas para entender qué podemos hacer por ellos y ojalá, mejor que nadie más.
Nuestra empleabilidad es un activo dinámico que depende de nuestra actitud, reputación, vigencia y capacidad de ofrecer servicios relevantes. Es nuestra responsabilidad mantener la calidad de nuestros servicios en TOP1. Entender que somos empresarios de nuestra propia carrera es el primer paso —y quizás el más urgente e importante— para no quedarnos fuera del mercado.